12 de marzo de 2018 – una pareja que pasea por las calles de Barcelona luciendo lazos amarillos de la mano sufre una agresión por un grupo de 8 o 10 homófobos fascistas al grito de “maricones de mierda” y “Puigdemont a prisión”.

28 de abril de 2018 – Una pareja de personas transexuales reciben una brutal paliza en Torremolinos a manos de su vecino mientras esperaban el ascensor de su casa mientras mientras lxs gritaba “maricones de mierda”, “cerdos”, “os voy a matar”, habiendo sufrido previamente a la agresión diversas amenazas y escupitajos por parte de este despreciable machirulo tránsfobo.

30 de abril de 2018 – la sede Alcalaína de una asociación LGTB de personas migrantes amanece pintada con mensajes y amenazas fascistas como “fuera refugiados y maricones del barrio” o “barrio fascista”

11 de abril de 2018 – Una pareja de chicas que paseaban por la mano por Logroño sufre una agresión lésfoba por parte de un machirulo fascista, encarándose con ellas mientras decía “mira a estas bolleras de mierda”, “vamos a ponerles el “cara al sol” para que aprendan” para continuar con empujones, escupitajos y amenazas.

23 de febrero – Un joven recibe una paliza en Logroño por un grupo de energúmenxs que le pegan patadas y le agarran del cuello mientras se mofaban de su orientación sexual mientras le amenazaban: “la gente como tú debería estar muerta”; la agresión se produjo mientras paseaba a su perro.

7 de marzo – La presidenta del colectivo “Marea Arcoiris” de Logroño, Déborah Pimentel, sufrió una agresión en pleno centro de la ciudad riojana mientras paseaba con su novia de la mano por un hombre corpulento que se acercó a ellas, las increpó e insultó y la pegó un puñetazo en la cara.

1 de mayo – Thalia, una adolescente trans decide acabar con su vida tras sufrir acoso escolar en la localidad de Móstoles (Madrid) al poco tiempo de haber comenzado su transición.

15 de febrero – Ekai, un joven transexual, se suicida ante el impedimento de poder conseguir sus hormonas para comenzar su tránsito y ante la pasividad de la administración para agilizar trámites para los cambios de nombre en el registro.

17 de abril – Simone, una chica trans, fue agredida y vejada por un grupo de jóvenes en la Feria de Sevilla: le dieron empujones, insultaron y arrojaron una jarra de rebujito por la cabeza. «Te voy a matar, maricón de mierda, vete de la caseta, ¿qué coño haces aquí?», son algunas de las frases que la dijeron.

18 de abril: un joven fue agredido y vejado al intentar entrar dentro de una caseta de la Feria de Sevilla por parte del personal de seguridad, impidiendo su acceso argumentando: «aquí no entra un puto maricón». Un compañero del agresor le quitó el móvil a la víctima y se lo reventó contra el suelo para impedir que se registrasen vídeos de la agresión.

21 de abril: Elizabeth, una chica trans, es maltratada en las dependencias policiales de Algeciras tras ser expulsada de una discoteca por negarla el acceso a la zona VIP, a la que habían invitado sus amigxs…

Bandera LGTBIQ con sangre

… y tantos y tantos casos que podríamos reseñar, y otros tantos que habiendo sucedido nunca sabremos de ellos porque quedaron invisibilizados por el miedo de las víctimas a denunciar un delito de odio.

¿Y porqué precisamente existe miedo a denunciar un delito de odio? Esta misma semana nos enterábamos que ILGA Europa (la federación europea de entidades LGTBIQ) había bajado a España al noveno puesto en su lista #RainbowEurope al considerar que solo había cumplido el 61% de sus compromisos en materia de derechos LGTBIQ. Entre estos incumplimientos se encuentran carencias en la protección a las personas LGTBIQ cuando son agredidas, el mantenimiento de una atención patologizadora a las personas trans en los servicios públicos de salud o las reiteradas metidas de pata de la justicia española en la aplicación de la legislación que protege a las personas LGTBIQ de discriminaciones y agresiones.

En la actualidad, solo tres comunidades autónomas no poseen una legislación especifica adecuada a las realidades LGTBIQ: Castilla y León, Asturias y La Rioja, y esta última está tramitando en la actualidad una ley de protección de las personas LGTBIQ. Cualquiera podría decir que desde el punto de vista legal las personas LGTBIQ se encuentran aceptablemente protegidas y amparadas por la ley en la inmensa mayoría del territorio. La realidad no puede ser más diferente.

Las agresiones a personas LGTBIQ no solo no disminuyen, sino que en algunos momentos y sitios va incluso en aumento. Como muestra tenemos el aumento alarmante de agresiones LGTBIQfóbicas que ha habido en Logroño en los últimos meses, o los dos episodios discriminatorios que han vivido en la feria de Sevilla prácticamente con una diferencia de horas. Frente a esto, ¿Qué tipo de reacción ha habido por parte de la policía? ¿Conocemos alguna sentencia judicial en firme? Lejos de eso, aún tenemos que soportar humillaciones tales como que sea una jueza abiertamente LGTBIQfóbica la que decida sobre leyes sobre el colectivo LGTBIQ en regiones como La Rioja o Murcia o que otra jueza de Valladolid considere que llamar “sidoso” y “pervertido” a una pareja de chicos no es un delito de odio. Claro que tras haber asistido al ya célebre juicio sobre La Manada tampoco debería sorprendernos nada a estas alturas. Pero nos sigue sorprendiendo.

Sin embargo no sólo es la justicia la que hace aguas lamentablemente en este país a la hora de evitar y atajar la violencia LGTBIQfóbica. Tenemos que buscar las razones profundas de por qué se producen estas agresiones. Y en este punto es donde nos topamos con la educación. Ha quedado demostrado mil veces que no nacemos LGTBIQfóbicos, que a odiar se “aprende”. Que durante nuestra niñez se nos enseña que es lo que está “mal” y que es lo que está “bien”, y esto es un proceso en el que interviene todo el mundo, desde nuestros padres y madres hasta el colegio e instituto. Si criamos niñxs con mensajes discriminatorios, enseñándoles literalmente a odiar; si en los colegios e institutos aun se enseña que lo correcto es que los niños se enamoren de niñas y las niñas de niños, o si siguen diciendo que las niñas tienen vulva y los niños tienen pene, inevitablemente nos saldrán niñxs que odian. La educación tiene que tener en cuenta que entre lxs chicxs que están formándose ahora hay personas LGTBIQ, y con el actual sistema educativo, a estxs chicxs lo único que se les está transmitiendo es que son lxs “raritxs”, que lo mejor es esconder su rareza, que no son “normales” o peor, que lo que les pasa “es una fase”.

Habrá quienes nos digan que estamos mejor. Que ahora las personas LGTBIQ podemos casarnos, podemos tener hijxs, y tenemos los mismos derechos que las familias tradicionales. Que las personas trans ya pueden cambiarse de identidad legalmente. Sí, tenemos algo. Cero coma. Pero todas estas ventajas legales – muy cishomocentradas, y que como todo lo demás en la realidad chocan con multitud de problemas como nos diría cualquier persona trans, por ejemplo – no nos va a salvar de los golpes si nos tropezamos con un homófobo por la calle. No nos va a salvar de ser discriminadxs en nuestros puestos de trabajo o de incluso perder dicho trabajo por nuestra identidad sexual o de género. No nos va a salvar de los tratamientos humillantes y patologizantes en la Seguridad Social cuando queremos iniciar procesos de transito hacia el sexo sentido. No nos va a salvar de la humillación, el bullying y la violencia en colegios, institutos, universidades, locales de ocio, ferias, etc. No nos va a salvar de tener que ir a enterrar a gente como nosotrxs porque no han podido más y se han suicidado – ¿o debería decirse mejor “les han suicidado? -, gente como Ekai, como Thalia, como tanta otra gente de la que ni siquiera sabremos nunca su nombre, pero a la que una sociedad LGTBIQfóbica no ha querido escuchar cuando todo lo que pedía era vivir tranquilx.

Por todo eso no podemos olvidarnos este 17 de mayo de que es el día mundial contra la LGTBIQfobia. Por eso debemos de seguir luchando contra la violencia, contra la discriminación, y también contra el miedo. El miedo a salir a la calle y tener que estar dentro de un armario invisible pero igual de opresivo, el miedo a no poder mostrarnos tal como realmente somos. Por nosotrxs, por lxs que no encuentran el valor para luchar, por todxs aquellxs que no pueden luchar porque su vida les puede ir en ello y sobre todo por todxs aquellxs a quienes este sistema cisheteropatriarcal ya venció, seguiremos en la lucha. Hoy y siempre.

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