En conmemoración al Día de la Salida del Armario hemos preparado un pequeño recopilatorio de diferentes experiencias de este momento con la esperanza de que sirva de ayuda a muchas y muchos que podáis encontraros en situaciones similares:


“La primera vez que dije que era gay ni siquiera dije que era gay. Parecía más sencillo decir que era bisexual, por aquello que al menos te seguían gustando las chicas. No fue así. 
Recuerdo que, con 17 años, un día cenando en casa lo solté de sopetón: “Familia, creo que soy bisexual”. De pronto, noté que mis padres me miraron muy asustados y me dieron una patada bajo la mesa mientras mi hermana pequeña se hacía la despistada. “¡Estoy de broma!” dije, y solté una de las risas más forzadas de mi vida. “Tu hermana es muy pequeña, no está preparada para entenderlo” me dijeron después en privado. A día de hoy, creo que los que no estaban preparados eran ellos.”  23 años.

“Tengo 28 años y mi salida del armario fue algo obligada. Me diagnosticaron disforia de género con 12 años. Debido a autolesiones. Mis padres lo recibieron muy bien con apoyo incondicional. Muchos de mis familiares decidieron incluso apartarme de su vida como si tuviera una enfermedad. Pero siempre mis padres daban la cara por mi. Hoy en día después de muchísimas cosas la siguen dando y es el mejor apoyo que tengo. Para todos aquell@s que tenéis miedo: tú eres lo que haces de ti y puedes volver a crearte cada segundo de tu vida.”  28 años.


“Tendría yo unos 16 años cuando le dije a mi mejor amigo que era gay. Fue una tarde de sábado mientras hacíamos botellón y su reacción fue natural y sincera diciéndome “Por mí como si te la machacas con un ladrillo, pero no acapares la litro anda”.
Aunque me alivió saber que no le importaba me sentó mal dado que no le dio la importancia que yo creía que merecía.
Después se lo dije a mis hermanos y su respuesta fue básciamente la misma; que les daba igual siempre que yo fuera feliz.
Por último llegó el momento de contárselo a mis padres, curiosamente y en contra de todo pronóstico primero se lo conté a mi padre. Antes de continuar he de decir que mi padre pertenece a uno de los cuerpos armados (policía, mitiar, guardia civil…) y aunque todos ellos tienen bastante fama de ser homófobos se lo tomó muy bien y me dijo que si yo era feliz con eso le bastaba pero que por favor no saliera con alguien llamado Jonathan o cosas así… Sí el mayor problema de mi padre es que mi novio se llamara Jonathan.
Por último se lo conté a mi madre y ella lo pasó mal durante unas semanas, sentía que no había conocido en absoluto a su hijo. Pero después de mucho hablar con ella comprendió que yo seguía siendo el mismo, sólo que desconocía un gusto sobre mí que ahora ya sabía.
En fin la salida del armario fue algo tortuosa pero al hacerlo me di cuenta que en mi caso el armario me lo había impuesto más yo que mi familia.”. 29 años.

“En mi caso, mi salida del armario fue forzosa. Mi padre encontró una foto mía en la que mi, por entonces, novia y yo nos estábamos besando. Esa tarde transcurrió entre lágrimas. Mi padre repetía que no podría ser feliz así, que no había una sola pareja de lesbianas que durase para siempre, que no le cerrase la puerta a los hombres, etcétera. 
Días después nos fuimos de viaje de familia a Reino Unido. Hacía años que quería viajar allí y, sin embargo, fue una pesadilla. No podía mirar a la cara a mi propio padre, él y mi madre no dejaban de discutir por culpa de mi “condición”, digamos. Me sentí muy culpable por haber generado aquella situación.
Pasaron las semanas, los meses, los años y, a día de hoy, mis padres son el mayor apoyo que tengo. Puedo confiar en ellos y les cuento todo lo que me sucede. Recuperamos el vínculo familiar, pues, después de todo, no era tan grave que yo fuese lesbiana.” 23 años.

“Mi salida del armario fue un tanto atípica, mi familia fue la última en enterarse, el escenario que escogí  no fue nada sencillo: mi lugar de trabajo, un almacén lleno de hombres que ciertamente no eran nada LGTBfriendly (o eso pensaba, era el año 2004, ni siquiera estaba aprobada la ley del matrimonio igualitario). La razón: me enamoré de uno de ellos… Y a pesar del mal rato que pasé, del mareo que sentía cada día que lo veía, me armé de valor y me declaré… Él tenía novia, no esperaba que fuese correspondido, sólo quería que esa angustia se esfumase, y efectivamente, así fue. Se comportó de la forma más natural y amable que puedas esperar en una persona, jamás me faltó al respeto ni me hizo sentir culpable, me dio la fuerza que necesitaba para liberarme de mi armario encadenado y fue la mejor decisión que tomé en mi vida… El resto de compañeros tuvieron la misma reacción. Muchas veces nos convertimos en nuestros propios enemigos, sólo necesitamos armarnos de valor para darnos cuenta de que no existe tal enemigo.32 años.

 

Como veis, este es un momento difícil por el que pasamos todas las personas LGTBIQ. Es duro y, sin embargo, merece la pena pasar por ello para poder expresarnos tal y como somos y ser felices en nuestros círculos. Mucho ánimo, valientes.

¡Feliz Día de la Salida del Armario!

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